12 de septiembre de 2013

Inerme



Mi alma está descalza cuando elegiaco me veo reír. Cómo quisiera soltar una carcajada sin remilgo. Siquiera sonreír. Dejar que mi alegría sea representada como un cualquiera. Abrazar con ternura el momento pueril de la no represión. Dejar que el rostro funcione.
Dentro de mi vulgaridad, sentir la apoteosis, el resplandor superior de la libertad. Sin miseria, sin rastros de consecuencias llenas de podredumbre, sin escombros sobre los cuales entonar himnos de angustia.
Cómo quisiera sostener el vértigo del cráneo, que mis labios fueran unos promiscuos e inconscientes se largaran, sin remordimiento.

Si fuera así, no tendría esa prudencia y sobriedad que residuales me consuelan y fustigan sobre mi lacrimoso tiempo. Mientras, que la implosión gobierne.



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