12 de septiembre de 2006

Todo el Poder

La tragicomedia, es la realidad; o debería decir que la realidad es tragicómica. La sociedad en una ciudad enorme como lo es el D.F., trasforma constantemente su estructura, o simplemente la deforma. Pero, tal parece tan sólo que es proporcional; conforme se extiende la ciudad se extienden sus patologías sociales, ya que si en una ciudad pequeña hay 5 bandas organizadas de crimen, en una megalópolis existen aproximadamente 50 o más; así como también, sus rasgos positivos.

El poder, es tan fundamental en el gobernante para obtener control de sus gobernados y, al mismo tiempo (por desgracia como rasgo cultural) sacar el mejor beneficio personal. Entonces, el poder, tergiversa (por ese mismo rasgo) los roles maniqueos y los confunde irónicamente. La figura de la justicia es ambigua porque en ocasiones es la contraparte, y es más poderosa que aquella, ya que domina ambas esferas. El hampa que quiere establecer un dominio y eficacia total en sus acciones delictivas, le es necesario, tener nexos con el lado “justiciero”.

El sujeto que percibe esta estructura jerárquica ambivalente, se siente doblemente impotente y no encuentra instancia externa a él que sea adecuada a su necesidad de justicia y orden social, le es necesario entonces, hacer justicia por sí mismo; puesto que él precisamente sabe de forma intrínseca qué es la justicia, es decir, que motivos le obligan dar a alguien lo que se merece, en este caso: un castigo. Reniega de las autoridades, pues tan sólo son un monstruo burócrata devorador de impuestos, dada su ineficacia, y así, desilusionado crea una serie de mecanismos que le permitan definitivamente sobrevivir.


Y la impotencia se vuelve solidaria, ya que se observa a los demás padecer lo intricado del aparato de justicia y sus símbolos sociales cada vez más deteriorados (herencia llena de podredumbre a futuros miembros). Pero, a veces no es impotencia, sino, un no acto: la indiferencia.

Pero, ¿porqué la necesidad de delinquir por parte de algunos representantes de la justicia?, lo primero que se puede pensar es que existe una carencia de sentido exacto en cuanto a conceptos valorativos. El rol no les es suficiente, no les basta castigar y surge una necesidad compleja de dominar todo, incluso, el acto negativo. La institución de justicia, es la gran protectora de sus miembros, en este caso los corruptos, que gracias al Estado de derecho, logran impunidad ante los sujetos que exigen su castigo inmediato. Ahora que su gracia es temporal y sujeta a un alto mando, el cual, puede determinar que algún miembro (corrupto) identificado, sea sacrificado como chivo expiatorio, y así, tranquilizar al pueblo demandante.

Entonces, el problema es que la delincuencia puede llegar (quizá ya lo sea) a convertirse en una institución igual de organizada como el gobierno, educación, entre otras. Al parecer, al incluir el término “delincuencia organizada” se admite su trascendencia e influencia en las sociedades; puesto han tenido la necesidad de estructurarse, jerarquizarse y administrar los objetivos delictivos a conseguir, en un tiempo mínimo, y generando, por ejemplo, líneas staff (policías corruptos, jueces comprados, lavado de dinero), que ayuden a mantener su control y eficacia.

El rol funcional de la verdadera autoridad justiciera es por ende, entender primero el nivel de organización del crimen a gran escala, para después desorganizar. ¿Y cómo se desorganiza? pregunta difícil donde es menester volver a reiterar que primero se debe entender su estructura y localizar sus focos de vulnerabilidad y sus altos mandos dentro de su jerarquía. Pero, se observa en esto último, un punto complejo: al derrocar a un líder principal, si la estructura de la institución ha sido sustentada con bases firmes y se ha promovido una ideología firme de “valores” y normas, con objetivos bien claros, la organización prevalece con sus integrantes. Y esto se observa con frecuencia en bandas delictuosas, donde el supuesto líder (la creencia de que si es el auténtico, es ya poco válida dado el asunto aquí tratado), ha sido atrapado y con ello, la banda dispersada; para después observar que se sigue actuando conforme las características de esa banda en particular, y a veces, se atrapa a otro líder nuevo. El caso más común es el narcotráfico. Todo esto referido a un intento de desorganizar desde a fuera. Desde adentro es distinto, bastaría con tener miembros ineficaces o cambiar sus roles y jerarquías extremadamente; el único problema es que se necesitaría tener bastante influencia para hacer esto y al hacerlo la perspectiva común sería la un líder maquiavélico con una doble misión, la de ganar control para después provocar el caos.

La decadencia de una sociedad criminal es en sí; no de todo el crimen. Entonces, después de que se influya o se de por sí misma esta decadencia, es necesario que se reformen los valores por el crimen establecidos en las consciencias. Por ejemplo, un símbolo arquetípico (necesidad de sublimar al héroe) y estereotípico (moda reciente asociada) del narcotráfico: es la alabanza épica de los narco-corridos.

Es quizá un sueño guajiro el pensar que la delincuencia se acabará, pues la patología social es intrincada desde el individuo y siempre ha acompañado a las sociedades, pero la sociología y la organización nos ayuda en mucho a comprender la maraña y “moral alterna” de sus costumbres y así poder influir positivamente en una organización que se enfrente a ella. Sin embargo, mientras, a nivel personal el padecimiento es azaroso e inesperado; las alternativas deben surgir para poder adecuarnos y sobrevivir.

J. Santiago S. Astrapé N.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Evidentemente la delincuencia o crimen organizado es cuestión de valores pero no con los que aprendemos en los inicios de nuestra vida sino con los aprendidos durante nuestra relacion con la sociedad, con el deseo de tener cada día mayor poder a costa de quien sea, pero ¿Porque esa idea del ser humano de destruirse uno al otro?. El hombre entre mas tiene mas quiere y por lo tanto a los lideres de gobierno no solo les basta con el puesto que tienen sino que además por querer más ingresan a organizaciones negativas.A esto se la podria llamar ambicion negativa ambición que al final terminara destruyendolos a ellos mismos.

Muy buena reseña, felicidades.

Atte. Erika Torres

Astrape dijo...

Érika te agradezco mucho por comentar.