7 de julio de 2008

Ralentizando




Salir a la calle, con frío, lejano que me empuja por los laberintos, que me hace recorrer las caras con un tono distinto. Todo porque hay un diluyente, quizá un aditivo que salva esos rostros y ese panorama. 2046, me dio la música que conmueve sin sentido, sólo por imágenes hermosas, sólo por evocar fantasmas ajenos, por dar cuenta de algunos demonios internos que vagan siendo ignorados por nuestra efímera y banal alegría.
Fue vicario, fue inyectado, una especie de anzuelo al mundo interno, que sacara a la luz, que fuera proveedora de instantes salvajes, ajenos.
Sonidos precisos, tan dulces e incisivos, expectantes a un alma con ojos en sinestesia con oídos. Sí, todo se vuelve un jardín secreto, con Siboney danzando desnuda, a veces llorando, a veces eufórica. El tiempo fluyendo como quisiéramos.
Aún de bailable o frenético, es adagio, por estar ralentizado. Allí, en ese cuadro, está algo que conmueve, un toque lumínico de droga. El lente puede ser el mismo, y dotado de embelezo por los acordes. Los galopes se asientan arrullados por los violines, siguiendo en movimiento igual, sólo suplidos quizá por un antípoda sonido. Es que llegará, si tenemos tiempo, la imagen del sorprendernos llorando tenuemente por haber reído.

1 comentario:

Jaqui Díaz dijo...

Pues si existe una pelicula sobre este tema, me encantaría verla, siento que puede ser el reflejo de un ambiente poco comprendido y muy criticado, pero bueno, esa es mi persepción hay que ver si es verdad.