25 de junio de 2007

Agrin




Agrin


Llora Agrin, es mejor que llores. En las caricias del precipicio no aniquilarás la borrasca de tu angustia. Mejor grita y enfurécete hasta desfallecer. Eres sus ojos, sus brazos, entiendo, no lo decidiste; sientes incomprensión: el otro no te ve, no te abraza. Luego de ser desgarrada por las bestias en celo.



Luego sobrevives, duermes alucinando a ese pequeño sin luz que, aún de no ser culpable de nada simboliza todo. Por eso suplico, contágiame, hazme llorar junto a ti. No quiero que lo guardes y te impela la locura por la libertad.




Mas, antes de lanzarte, volteas hacia atrás, algo o alguien, te importa a pesar de todo.
Eres y serás en el viento cuando caigas, una flor de fantasmales pétalos; porque en lugar de ellos quedaron miradas vacías, de rencor saturadas. Por eso, te suplico que estalles, que te mojes desde dentro, que te purifiques. Criatura, mis brazos se sienten ansiosos por contenerte, pero tendrías razón, si me reclamases ser ignaro ante tu dolor. Yo no fui ultrajado rodeado de fuego, probando la tierra ciega y mojada, asfixiado por el hedor del asesino de tu ternura. No conocí la carne filosa moviéndose voraz por mi cuerpo, anticipada al amor muerto de súbito; no sentí el terror ante la aniquilación de tu voz gritando.



Creo ya no te contienes. El dolor se ha transmutado en algo inasible para mi necia angustia por ayudarte. Tu alma es ya un espectro y soy yo quien lo llora.
Cerré los ojos y te has ido. Prefiero pensar ilusamente entonces, que permaneces cayendo y, nunca tu rostro tocará el suelo. Serás pues, cuál lágrima vertida de un ángel ahogado.




Reminiscencia inspirada por la película: Las Tortugas pueden volar


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18 de junio de 2007

pseudo Aforismos

Los grandes pensadores, deberían percatarse del daño moral que causan al dejar insertas sus ideas incipientes en lectores incautos, latentes desarrolladores de dogmas; puesto dichos pensadores, quizá, luego de dejarlas impresas, las abandonen.

La maldad tiene sustento en la capacidad de divertirnos con los otros.

Para algunos, sentir dolor, es una obligación moral; aún de que por extraña causa, no sintamos. Por eso debemos sufrir por convicción.

La dignidad nos causa más dolor que la causa misma. Los estoicos veneraban más lo inventado que la búsqueda de la verdad, quizá por cobardía.

La psicología, ese gran mecanismo de defensa.

El origen del sarcasmo, la esperanza mortinata.
(Es por eso, que lucifer lo creó, al ser expulsado del paraíso. Condenado a no regresar, todo paraíso fue un sarcasmo.)

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8 de junio de 2007

Prejuicios en la Pepsicología

Valga la generalización como persuasor.

Ciencia, título tan respetado en años anteriores y que luego de su ciclo, ha ido perdiendo estatus entre las personas, principalmente las que tienen tendencia innata a la irreverencia. Soy un impúber relativamente a quienes han padecido de los prejuicios en la psicología. Ese estatus, al principio me deslumbró, para luego ver que el defenderlo, era irónicamente una postura neurótica, necia, cansada. La gente, en su búsqueda desesperada por tener algo en qué creer, han atisbado un horizonte de misticismo y nueva metafísica: la ciencia en mezcolanza con lo mágico.

Las personas han dejado que poco a poco, en su consciencia, se vaya filtrando la desilusión por la ciencia, en este caso, la psicología. Desde dónde viene esa desilusión convertida en ridiculización, demérito o minimización, o llanamente dicho, en un símbolo social del miedo a la locura; las causas entonces del demérito del psicólogo principalmente son:

1) El fracaso de previos psicólogos. Esto es un tema muy sensible, puesto va en juego nuestra credibilidad. Fracaso es un concepto fuerte, rudo y que activa defensas. Sin embargo, existe el fenómeno. Existieron y existirán personas que por métodos errados, falta de experiencia, fallos teóricos, poco desarrollo en habilidades propias y esperadas de un psicólogo (empatía o sensibilidad, amabilidad, autocontrol emocional, etc.) y demás puntos de esta lista o, simplemente por fuerzas externas fuera de su control, ha dejado una impresión de no éxito (eufemismo apropiado) por su intervención. Ahora que quienes han dado mayor fama, han sido los psicólogos clínicos en sus terapias en sus muy vastas ramas. Me he topado con personas que de entrada dicen tener recelo, apatía, enojo, desprecio por los psicólogos, sujetos que de manera directa o indirecta han tratado de “ayudarlos” diciéndoles argumentos que ellos mismos hubieran pensado o que son para su percepción, demasiado divagados. Y estos sujetos son quienes se encargan con más ahínco de luego ir propalando una fama de duda ante los demás. Es que para ellos, en verdad, “de qué sirve la psicología”, tan sólo para explicar lo obvio, para ahondar en lo imposible, en determinar destinos incorregibles, para qué sirve ese aparato soberbio, gemelo supuesto del ambiente médico. Sí, para qué sirve dirían ellos, si ha fracasado, si no ha dado la gran solución que se esperaba de ellos; el que les haya prometido o no, o sí quizá la hayan imaginado, ya no interesa, tan sólo el remanente de no haber atinado en resolver el problema o, más crítico, empeorarlo. Es incluso frecuente ver que para cuentos y novelas, es recurrido el argumento de un terapeuta que con su intervención, hizo que el paciente, cliente, o sujeto, haya empeorado o en el típico de los casos se haya suicidado. “Malditos psicofarsantes” o “merolicos”, la ilusión, la promesa que no se cumple, tan sólo deja amargura y rencor. Alguien lo tiene que pagar; más, ellos que al final errado no les queda otro mote que el de entrometidos.
2) Arrogancia. Este punto y el que sigue van aunados. La rigidez petulante en el aparato cognitivo, o dicho de otra forma, el sentirse la divina garza envuelta en huevo por tener el título de psicólogo. Esto resulta peligroso, pues da el sentimiento de invulnerabilidad y autojustificación banal, más efectivo para un sujeto de ego desbordado (la autojustificación posiblemente puesta en práctica en el concepto tan quemado de “autoestima”). Pues bien, el psicólogo arrogante, puede hacer lo que quiera pues, tiene un estatus de superioridad y si aún “la riega” no importa pues tiene licencia para regarla, lo que es más, sólo fue parte del proceso de aprendizaje. Existen una venda, que no permite ver, que sus actos fallidos, dan una imagen torcida a los demás. No acepta la responsabilidad y sensibilidad por la mejora, ya que de eso que se encarguen “sujetos obsesivos” o “excesivamente preocupados por irrelevancias prácticas”. Este sujeto, va por el mundo creyéndosela, o qué, no es lo más importante para la autoestima? Lo medular, es que este sujeto está comúnmente sobrecompensado, es decir, con su arrogancia cubre su mediocridad.
3) Dogmatismo por la ciencia. Se ha escrito ya mucho sobre la nueva religión llamada ciencia, por los positivistas paradójicos en cuanto su impacto social: tratar de apartar a las personas de las garras del misticismo, para imponer un nuevo orden científico basado en el método experimental. Para luego, como ya algo comenté al inicio de este texto, convertir la ciencia en religión o en el nuevo opio del pueblo como menciona Marx. Juan Soto R., dice de los estudiantes o personas inmiscuidas en el mundo psique, están ansiosos de ser albergados por el manto materno de una corriente y aprender sus principios como dogmas, dando como consecuencia obvia el fanatismo y fascismo científico. Cerrazones, aturdimientos, justificaciones, entumecimiento de la mente. Cuando estos sujetos dialogan con las personas “fuera” de este mundillo, éstas son vistas como profanas, como necias que necesitarían iniciaciones rituales, para poder aspirar a comprender los conceptos sagrados de alguna corriente psicológica. Entonces, las personas externas, pueden desarrollar tal vez, el enojo del excluido. Ante ellos, está el orgullo y desprecio por lo que no se les fue expuesto de manera amigable. Lentamente, en sus mentes, también pueden desarrollar posturas contrafóbicas (a lo que no tengo acceso o es amenazante, lo mejor es ridiculizarlo), o argumentos cognoscitivos de defensa. Queda así, excluida la psicología de toda preocupación: es algo trivial, fútil e innecesario.
4) Psicologismo. Es el vicio reduccionista de TODO, verlo como psicología. Es lo que más les molesta a las personas que tienen contacto con el psicólogo-psicologista. Ese sujeto, no pierde oportunidad de mostrar relación teórica con lo acontecido. Más allá de un sujeto hipotético, como actitud generalizada, es la postura que excluye, otros factores de explicación de lo que acontece. Ejemplo: los artistas geniales, son esquizofrénicos que alucinan sus obras; Quien busca perfeccionar algo forzosamente será un obsesivo; el trabajador de apariencia cansada, necesita de intervenciones de motivación que lo integrarán en el sistema de producción, etc. Hay quienes perciben que pueden existir otras explicaciones o quizá lo improbable como tal, lo difuso o lo Complejo (corriente epistemológica de vanguardia), ellos entonces, verán a los psicologistas con recelo y quizá los menosprecien desde entonces, puesto aún de ser acertados en sus observaciones, no desarrollan un pensamiento abierto, divergente.
5) Remanentes de la Psiquiatría. La psiquiatría, tantas veces confundida con la psicología. Alguna vez conversando, luego de que me preguntaran “si trataba a los locos”, además de que previamente me manifestó su molestia por verme leer, le respondí que, los psiquiatras están convencidos de tratar a enfermos mentales, yo como psicólogo, estaba más interesado en su perturbación por la lectura y en su pregunta, su postura recelosa ante la psicología. La psicología pues, es prejuiciado como la actividad que trata a los locos. Quizá existe íntima relación, entre el hecho de No leer, con este prejuicio: la desinformación.
6) Merolicos de la psique. De pronto he sido consciente de algo: debo tener cuidado, porque al fin, dado el relativismo, puedo ser ahora mismo para algunos, un merolico. Toda autorreferenciación puede convertirse en paradoja como menciona el maestro Juan Soto Ramírez (El mentiroso dice, “soy un mentiroso”, cierto o falso). En párrafos superiores afirmé, “las personas han dejado”, por querer decir que han tenido la oportunidad de tomar una decisión: ser o no desilusionados; y lo sostengo, las personas bien tienen oportunidad de tener una postura existencialista ante las representaciones de las cosas. Cuando surge tal autorreferenciación, es donde el temor a la autocensura se deja sentir, derivado por la necesidad de preservar la prudencia y la humildad. Pues por un momento trataré de conseguir un salvoconducto con las autoridades papales o ante la procuraduría del consumidor o quizá ante la sociedad mexicana de psicología, demasiado tarde, pues ya casi llego al fin de mi texto.
Los merolicos pues, son personas que han pasado por todos o ninguno de los puntos descritos, son farsantes, que se proclaman (referenciado a los dogmáticos) como evangélicos mesías con la psicología, ellos son los que Sí dieron la promesa de salvación absoluta y crearon una expectativa con tintes de esperanza (estoy de acuerdo con Nietzsche, la esperanza enloquece al dar falsas fantasías).


Como recién expulsado del sistema universitario, o quizá debería decir, “procesado”, dentro de mi sentimiento análogo a un parto, he observado las creencias que imperan en algunos psicólogos organizacionales tanto frescos como añejos que conozco, y luego otros psicólogos de otras ramas. En fin, la impresión causada, mi imprudencia y desfachatez ante la censura, me ha impelido este texto.
Entonces, surge la pregunta, qué diablos es la psicología. Pues luego de tantos debates entre especialistas, al estudiar el objeto de estudio de la misma, así como su enfoque epistemológico, pude decir mejor lo que no es. Lo que sí es: una ciencia apasionante que trata de explicarse a sí misma, porque el objeto de estudio es el mismo que se trata de explicar, la mente (como punto siempre de partida, la observación, a pesar de lo que digan los conductistas por ejemplo); una ciencia que trata de escapar a las paradojas de la autorreferencia. Tratar de entender para conocernos más.
Sigo estudiando, es emocionante, la última palabra no está dicha y se ve muy lejos, tan difusa.


Gracias por la visita, ojalá puedan dejar algún comentario, Saludos.

J. Santiago Silva G. A. N.

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